viernes, 28 de febrero de 2014
A los malos días, noches de lluvia.
Conoces la sensación, tú la has vivido también.Te raspa la garganta de gritar mientras lloras, tienes los ojos tan hinchados que ni ves, notas las piernas adormecidas, te mareas, paras y respiras, pero una vez se ha abierto el grifo, no puedes parar. Has tocado fondo. Sientes que te han puesto sal en las heridas, tus cicatrices se han abierto, y tu corazón tiene otra cosa más en su "Lista de cosas que me han hecho daño.". Estoy rota, perdida, en ruinas, pero de esas ruinas que no tienen ningún valor. Ya no siento ni padezco. Me callo y sonrío. Pero, ¿sabéis qué? Yo también tengo malos días, malas semanas, malas rachas. Pero no lo pago con inocentes. Sin embargo, yo, con toda la mierda que tengo encima, parece ser que no es suficiente y me toca aguantar las malas caras y palabras de los malos días y rachas de los demás. Me he hecho una muralla protectora alrededor, pero tiene sus puntos débiles. Y cuando recibe un golpe tras otro, empieza a flaquear. Las cosas me afectan más de lo que os creéis. Soy persona, ¿sabéis? A diferencia de los robots, tengo sentimientos. Aunque me los hieran, con tiritas y a seguir con la vida. Soy una Ofelia, dividida entre dos personas que ama. Espero no acabar como ella. Le suelo sacar el lado bueno a las cosas; esta situación ha provocado un buen texto. Lo confirmo: estar triste te hace escribir mejor, las palabras fluyen solas. Sólo me falta él. Todo escritor necesita su musa. No soy ningún Shakespeare, pero quién sabe. Es que el día acompaña. Como duele hacerse mayor y darse una hostia en toda la cara con el mundo real.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario