Soy de esas adolescentes que pasan desapercibidas. Primero se fijan en mis amigas, luego en mí. Soy la "amiga de". Esa que no habla nunca y se ríe por todo. Sí, seguro que sabes quien soy. Pocas personas me conocen de verdad. Si hubiera más gente conocedora de mis secretos, ya no me tendrían por la chica callada. Que sí, joder, soy una friki. Pero la gente no se para a conocerme. Soy esa que quiere una boda en la playa y otra en Las Vegas. La que no lloró con el Titanic, la que todavía llora de la risa al recordar una escena de una película mala de sábado por la tarde. La que tiene la brújula estropeada, que siempre anda perdida. La que se puede pasar horas viendo series, la que tiene los libros ordenados por editoriales. La que no duerme por las noches porque es mejor soñar despierta. La que ama la lluvia pero odia que llueva. La que arranca la hierba cuando se sienta en ella, la que pone el volumen en número par. La que hace fotos mentales de momentos y lugares, la que no le gusta el café, pero adora como huele. Ya sabes, la que defiende los derechos de los animales y come carne. La humanista que no se enteraba del griego. La que le encantaría saber cocinar, pero no se acerca a los fogones. La que adora escribir, pero no escribe. La que todo el mundo tiene como "callada", es la que ha metido mil veces la pata. Y no aprendo, eh. Hace años que voy caminando en círculos y siempre me tropiezo con la misma piedra. Pero qué le vamos a hacer, la carne es débil. Me encantan los poemas sin rima, las noches de verano estrelladas, el mar. A la que le encanta sentarse a ver la gente pasar e inventarse una historia en común entre ellas. Esa que se encapricha de alguien, a la que le seducen las mentes. La que dobla las páginas de los libros dónde hay una buena frase, la que duerme abrazando a la almohada. La que se ha visto mil veces Shrek, la que dedica eructos. Sí, soy un poco machorra. La que se siente conectada con la naturaleza, la que cuando va de compras necesita tocar todas las prendas para notar los diferentes tactos. La malhablada, la que fue a un colegio religioso durante trece años para llegar a la conclusión de que Dios no existe para mí. La que no puede dejar las cosas a medias, la que tiene la ropa ordenada por colores. La que desde pequeña ha sido más de Ron que de Harry. La que después de ver una buena película o leer un buen libro, reflexiona. He llegado a cambiar de mentalidad gracias a grandes obras. Soy de esas que piensa que Johnny Depp, fue, es y será el hombre más sexy del planeta. La que se fija en los detalles más insignificantes. La que ha empezado mil diarios y a los tres días se ha cansado. La que hace la siesta antes de comer, la que no se pone morena. Y un eterno etcétera de mis pequeñas manías que si quieres conocer, tendrás que conocerme.
viernes, 31 de enero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
Perdernos. Pero juntos.
"-Se ha quedado una noche perfecta para ver una película."
Sí, es cierto. Sábado por la noche, hace frío y lo único que me apetece es estar acurrucada bajo una manta. Pero, para qué me voy a engañar. Prefiero tus brazos a la manta, tu pecho a la almohada. No tener que autoconvencerme de que es mejor ver una película triste sola para poder llorar tranquila. No. Yo quiero que me preguntes: "¿En serio estás llorando? Pero si es una estupidez, todas las películas románticas son iguales." Que te rías de mí, que me limpies las lágrimas. Que me sonrías y me beses. Y que me abraces toda la noche, protegiéndome del frío, de los monstruos. Es que, joder. No sabes como me gustaría poder saludarte cada mañana con un beso, pasear de tu mano por la ciudad. Perdernos. Pero juntos, no perdernos el uno al otro. Y querernos, querernos como en esas estúpidas películas que me hacen llorar.
Sí, es cierto. Sábado por la noche, hace frío y lo único que me apetece es estar acurrucada bajo una manta. Pero, para qué me voy a engañar. Prefiero tus brazos a la manta, tu pecho a la almohada. No tener que autoconvencerme de que es mejor ver una película triste sola para poder llorar tranquila. No. Yo quiero que me preguntes: "¿En serio estás llorando? Pero si es una estupidez, todas las películas románticas son iguales." Que te rías de mí, que me limpies las lágrimas. Que me sonrías y me beses. Y que me abraces toda la noche, protegiéndome del frío, de los monstruos. Es que, joder. No sabes como me gustaría poder saludarte cada mañana con un beso, pasear de tu mano por la ciudad. Perdernos. Pero juntos, no perdernos el uno al otro. Y querernos, querernos como en esas estúpidas películas que me hacen llorar.
martes, 14 de enero de 2014
Las apariencias engañan.
Soledad. Sentirse solo es normal, incluso rodeado de gente, por muy irónico que suene. Y, por muy habitual que sea...no gusta a nadie. Todos necesitamos nuestros momentos solitarios, estar en nuestra propia compañía, descansar del resto de personas...pero, ¿qué pasa cuando lo que quieres es no estar solo, y aún así lo estás? Puede que no lo estés, pero lo sientes, lo cual no sé que es peor.
Yo no tengo don de gentes. No sé hacer amigos, digamos que ellos me hacen a mi. Y paso a depender de ellos. Les necesito, aunque no lo demuestre. Me aterra la soledad. Pero es muy diferente estar (o sentirse) solo porque quieres, o tener que estarlo (o sentirlo) porque las cosas son así. Que el mundo no se va a detener cada vez que me entre el bajón, que ya lo sé.
Al igual que también sé que posiblemente yo no haya cambiado ninguna vida hasta el momento, pero me he cruzado con gente que sí que han cambiado la mía, para bien o para mal. Y el hecho de sentirme mal conmigo misma, mal con el resto de la gente, mal con la simple existencia, me hace revivir momentos que ojalá no hubieran ocurrido nunca.
Y te ríes, y sonríes, y hablas, y haces bromas, y sigues normal, aparentemente. Y recalco el aparentemente, porque los ojos no engañan. Reflejan lo que el alma siente, -llámalo alma, llámalo como quieras- y eso no miente. Puedes demostrar felicidad con todo tu cuerpo, pero los ojos te delatan. Y más si te has pasado toda la noche llorando.
Me gustaría gritar a los cuatro vientos todo lo que siento. Pero no lo hago porque no soy más que una simple cobarde que escribe sus sentimientos en un blog que nadie (y menos mal que es así) lee. No soy capaz de enfrontarme a los problemas, simplemente me acostumbro a vivir con ellos. Y aquí está mi mayor defecto. Soy una conformista, aprendo a vivir con el dolor. La pena me araña las entrañas, ¿y qué hago yo para cambiarlo? Nada.
Supongo que es más fácil quejarse, supongo que es mejor que las cosas no cambien.
Yo no tengo don de gentes. No sé hacer amigos, digamos que ellos me hacen a mi. Y paso a depender de ellos. Les necesito, aunque no lo demuestre. Me aterra la soledad. Pero es muy diferente estar (o sentirse) solo porque quieres, o tener que estarlo (o sentirlo) porque las cosas son así. Que el mundo no se va a detener cada vez que me entre el bajón, que ya lo sé.
Al igual que también sé que posiblemente yo no haya cambiado ninguna vida hasta el momento, pero me he cruzado con gente que sí que han cambiado la mía, para bien o para mal. Y el hecho de sentirme mal conmigo misma, mal con el resto de la gente, mal con la simple existencia, me hace revivir momentos que ojalá no hubieran ocurrido nunca.
Y te ríes, y sonríes, y hablas, y haces bromas, y sigues normal, aparentemente. Y recalco el aparentemente, porque los ojos no engañan. Reflejan lo que el alma siente, -llámalo alma, llámalo como quieras- y eso no miente. Puedes demostrar felicidad con todo tu cuerpo, pero los ojos te delatan. Y más si te has pasado toda la noche llorando.
Me gustaría gritar a los cuatro vientos todo lo que siento. Pero no lo hago porque no soy más que una simple cobarde que escribe sus sentimientos en un blog que nadie (y menos mal que es así) lee. No soy capaz de enfrontarme a los problemas, simplemente me acostumbro a vivir con ellos. Y aquí está mi mayor defecto. Soy una conformista, aprendo a vivir con el dolor. La pena me araña las entrañas, ¿y qué hago yo para cambiarlo? Nada.
Supongo que es más fácil quejarse, supongo que es mejor que las cosas no cambien.
viernes, 10 de enero de 2014
Dejándome fluir.
Será el invierno que me hace desear abrazarte, o el despiste, que me hace perderme en tu sonrisa. O las horas acumuladas de sueño, que me hacen fijarme en tus ojos, que cuando tu iris marrón se posa sobre mis pupilas, vuelo. Que incluso el viento me recuerda a tus manos. Porque vaya manos. Sólo de imaginarme tus caricias se me eriza la piel. ¿Qué estoy enamorada? Ni siquiera un poquito. No soy más que una simple observadora con imaginación en el límite del infinito. Pero puede que esté mintiendo...o diciendo la verdad. El caso es que nunca encontrarás a nadie que encuentre la perfección en cada poro de tu piel. Excepto yo, que sé encontrar el cielo en tus lunares.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)