Hay veces en que tengo tantas cosas que expresar que no sé ni por dónde empezar. Tantos sentimientos y emociones que mi cabeza parece una lavadora de ideas. Pero a la hora de escribirlo...nada. No sé ni por dónde empezar, ni si quiera de qué voy a hablar. Me quedo durante minutos, con una página de Word abierta, sin teclear nada, simplemente, porque no sé de qué escribir.
No os imagináis la de veces que he empezado una historia y no he sabido como continuarla. Tengo miles de ideas pero se me olvidan en cuánto empiezo a escribir.
A veces, después de que me pase algo, o de haber visto algo interesante en la tele, pienso: ese es un buen tema sobre el qué escribir. Pero no lo hago.
Mi padre suele decirme que pienso más rápido de lo que puedo hablar y que por eso me trabo, o me como palabras. Pues creo que me pasa lo mismo a la hora de teclear.
Siento un zumbido de pensamientos que a la hora de salir, no salen. No me fluyen las palabras, no tengo esa facilidad de pararme y escribir. Y es una situación frustrante. Me quiero desahogar escribiendo, o dar mi opinión sobre algo, y no puedo, porque no me sale. Y por eso escribo cosas incoherentes. Eso las que publico, las que guardo, o las que directamente borro, ya no os podéis ni imaginar. Así que este año para Reyes me pido imaginación y coherencia. Y la paz mundial.
Feliz Navidad.